Juguemos con volver al pasado, nos atrevamos a identificar lo que nunca percibimos directamente, nos emocionemos con aquello que no vivimos y lo hagamos sin ver nada. Esa es la propuesta del grupo Teatro Ciego, que vuelve a Tucumán para presentar esta vez “Luces de libertad”, una obra que remonta al público al momento en que la Argentina no existía, sino que era un territorio en busca de su independencia.
Cada vez que el elenco actuó en la provincia agotó localidades. Es tanto el interés que genera en el público su propuesta de anular momentáneamente la vista y despertar y potenciar otros sentidos, como el olfato, el oído o el tacto para activar la imaginación, que el año pasado, cuando también vino para el Julio Cultural de la UNT (al igual que este año y que en 2013 cuando montaron esta misma obra) hubo que agregar una tercera función, todas con entrada libre y gratuita, ya la presentación está auspiciado por la Fundación OSDE.
Por este motivo, las localidades deben retirarse con la mayor anticipación posible en la boletería del Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265), donde se realizarán las presentaciones de hoy, programadas a las 19 y a las 20.30.
El viaje que se propone recorre diferentes paisajes y universos de la historia nacional, y se plantea la libertad no sólo como un objetivo colectivo de una sociedad, sino como un derecho humano, uno de los más preciados para toda persona.
“Es una historia de amor ambientada en la época de la Revolución de Mayo de 1810, donde el conflicto principal es la libertad, en un momento de cruce de decisiones”, le explica a LA GACETA Ilan Brandenbur, coordinador general de Teatro Ciego.
- La propuesta que traen ahora no tiene elementos contemporáneos. ¿Es un desafío especial buscar sonidos y sensaciones del pasado?
- Todo refiere a otra época, los sonidos, los aromas y las actuaciones, pero hay varios guiños al humor que son contemporáneos. Lo mismo, no queremos adelantar mucho porque la sorpresa es importante en nuestro espectáculo.
- ¿Cuántas personas están involucradas en la puesta?
- Ocho personas, entre producción y actores. Venimos gracias al aporte privado, que nos permite presentarnos gratis. Es difícil hacer esta clase de montajes sin un apoyo como el que nos da OSDE, y estamos en esa búsqueda. Por ejemplo, vamos a hacer cuatro fines de semana en Córdoba en forma independiente y sin aportes de afuera, porque apostamos al crecimiento. En Buenos Aires desarrollamos todo en forma privada, con nuestra escuela de arte a ciegas e incluso nos colabora un terapista ocupacional.
- Es uno de los pocos espacios que existe con ese objetivo.
- Creo que somos la única del mundo que está dedicada exclusivamente a gente que no ve. Prácticamente no existen espacios de formación para las personas que perdieron la vista o que son ciegos de nacimiento. La propuesta es capacitar en lo actoral a todos, en igualdad de condiciones. Este año dimos un gran paso, porque creamos nuevos elencos ante el gran interés que hay en nuestros espectáculos, especialmente fuera de Buenos Aires donde estamos abiertos de lunes a lunes, y la posibilidad que crece de hacer giras por todo el país.
- Además, ustedes no lo encaran como una salida laboral.
- Nuestro objetivo es profesionalizar este trabajo, lo cual es bastante inédito. Casi el 100% del público es gente que ve y que quiere disfrutar de una experiencia distinta, y muchos salen sin saber que hay gente ciega actuando.
- ¿Hay actualmente más aceptación e inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad y en lo artístico?
- No sabría responderte. No necesariamente ocurre eso. Nuestra institución tiene un espacio importante en los medios masivos, pero sobre todo en el interior, donde es una novedad, y no tanto en Buenos Aires. Sí creo que puede darse más entre los espectadores. En muchas propuestas de ficción, para representar un personaje ciego todavía buscan actores que ven y que hagan de ciego. En la música se ve muy poco esa inclusión, pero no hay estadísticas al respecto.